lunes, 11 de junio de 2012
Corta historia del piano
En el siglo XVIII apareció en escena un instrumento que revolucionó el campo de la música instrumental: se trata del pianoforte, para nosotros, piano. Este viejo conocido fue creado hacia 1709 por Bartolome Cristofori, en Florencia. Este inventor, no obstante, debió verle poco futuro a su creación, pues se murió sin estar demasiado convencido de su valía. En cualquier caso, el invento sí que prosperó. Vino a sustituir las deficiencias del clavicordio y del clavecín, que no podían hacer contrastes de intensidad. En su lugar, el piano ofrecía la ventaja de poder tocar fuerte o suave, es decir, forte o piano. De ahí proviene su nombre, pianoforte, o piano, para los amigos.
En el clavecín las cuerdas eran pellizcadas por un plectro adosado a un martinete. En el piano, sin embargo, las cuerdas van a ser golpeadas por un macillo tapizado de fieltro. Todo ello es accionado desde una compleja maquinaria articulada que parte del impulso que recibe la tecla. El verdadero propagador del invento de Cristofori fue el alemán Silbermann. Este se lo dio a conocer a Bach, quien no se mostró muy entusiasmado con el nuevo instrumento. Dos discípulos de Silbermann, Zumpe y Stein, fueron los progenitores de dos nuevas escuelas de construcción de pianos, la inglesa y la vienesa. Los pianos de la firma austríaca, preferidos por Mozart, se caracterizaban por la ligereza y velocidad del teclado y por la sutileza de los matices. En Londres, apareció la casa Broadwood, que crea unos pianos de gran potencia sonora. La escuela francesa estuvo representada por el constructor Erard, quien perfeccionó el mecanismo de repetición.
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